y ahora intenta hacerme complice.
Por suerte tengo el coche en la puerta
y piso fondo.
Nunca me llevarán a juicio por inocencia,
carezco de ambas.
Siempre creí en la fugacidad
y me va bien de fugitiva:
Corro de labio en labio
tropiezo
y caigo en camas,
prometo cosas de madrugada
y por la mañana
despierto
con el alma cruzada.
Tengo experiencia empañando cristales
de habitaciones pequeñas
en barrios céntricos,
me llevas presa a la tuya,
ávido,
¿no es suficiente con tu sonrisa?
Lo siento,
nunca me pillarás con vida.
Derrapo en mi carrera a contra ti
en cada curva de tu cuerpo.
Ahora formo parte de tus miedos.
Temes ser mi crimen perfecto.
Pones los pies en pólvora,
te beso y rompo el fuego.
Explotamos.
Debemos ser la viva imagen de un cadáver.