-Sólo si dejas las llaves a mano.
Por si al despertarme a medianoche
decido que me ahoga un nosotros
y no encuentro la salida de emergencias.
-En ese caso dejaré las llaves en la mesilla
y las deportivas bajo la cama.
Porque si quieres escapar estás en tu derecho
pero yo soy de perseguir mis metas.
Y si te cansas y paras
o sientes más vacío que entre las sábanas
te daré un abrazo sabor a casa
y te llevaré en brazos a ella.
En ese momento
supe que no quería las llaves
y que él podía guardar sus deportivas.
Que no sabía si ya estaba en casa
pero quería quedarme un rato más,
a comprobarlo.
El suficiente para confirmar la tragedia
del fin de mi huida constante
o el inicio de otra carrera
en la que pierde
el que se corre antes.
Pero,
sobre todo,
supe
que no iba a despertar a medianoche
porque,
en ningún momento,
iba a querer dormir.
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