jueves, 20 de agosto de 2015

Además, todas mis salidas de emergencia acaban en precipicio.

-¿Te quedas?

-Sólo si dejas las llaves a mano.
Por si al despertarme a medianoche
decido que me ahoga un nosotros
y no encuentro la salida de emergencias.

-En ese caso dejaré las llaves en la mesilla 
y las deportivas bajo la cama.
Porque si quieres escapar estás en tu derecho
pero yo soy de perseguir mis metas.
Y si te cansas y paras
o sientes más vacío que entre las sábanas
te daré un abrazo sabor a casa 
y te llevaré en brazos a ella.

En ese momento
supe que no quería las llaves
y que él podía guardar sus deportivas.
Que no sabía si ya estaba en casa
pero quería quedarme un rato más,
a comprobarlo.
El suficiente para confirmar la tragedia
del fin de mi huida constante 
o el inicio de otra carrera 
en la que pierde 
el que se corre antes.

Pero,
sobre todo,
supe
que no iba a despertar a medianoche
porque,
en ningún momento,
iba a querer dormir.

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