con una relación tóxica.
Rompí las cadenas
que me ataban
a la decepción constante.
A ti.
Me subí a los tacones
que me prohibías ponerme.
Me puse la falda
"demasiado provocativa".
Y me pinté los labios del rojo
que sabía que odiabas.
Canté hasta dejarme la garganta
y le hice un guiño a todos los bares.
Hice todo lo que no podía,
lo que no debía,
lo que sí quería.
Entonces fui a buscarte.
No para convertirte
en un capítulo cerrado
sino para desdibujarte,
como un borrón al margen.
Te eché de mi vida.
A patadas.
Sin anestesia
te arranqué como una espina
y entre sangre y escombros
te dejé en la puerta.
Junto con maletas llenas
de nosotros
en pretérito imperfecto.
Hacías mucho ruido
reabriendo heridas
y echando sal en la tuya,
pero tantas veces lo habías hecho
ya
que ni dolía.
Después del portazo
dejé de oirte.
Me quedé mirando la puerta,
impasible.
Y sabiendo que no me escuchabas
logré decirte:
"Adiós,
Inseguridad,
no vuelvas".
No hay comentarios:
Publicar un comentario