domingo, 23 de agosto de 2015

(Mal)trato emocional

Hace tiempo acabé
con una relación tóxica.

Rompí las cadenas
que me ataban
a la decepción constante.

A ti.

Me subí a los tacones
que me prohibías ponerme.
Me puse la falda 
"demasiado provocativa".
Y me pinté los labios del rojo
que sabía que odiabas.
Canté hasta dejarme la garganta
y le hice un guiño a todos los bares.
Hice todo lo que no podía, 
lo que no debía,
lo que sí quería.

Entonces fui a buscarte.
No para convertirte
en un capítulo cerrado
sino para desdibujarte,
como un borrón al margen.
Te eché de mi vida.
A patadas.
Sin anestesia 
te arranqué como una espina
y entre sangre y escombros 
te dejé en la puerta.
Junto con maletas llenas
de nosotros 
en pretérito imperfecto.
Hacías mucho ruido
reabriendo heridas
y echando sal en la tuya,
pero tantas veces lo habías hecho 
ya 
que ni dolía.

Después del portazo
dejé de oirte.
Me quedé mirando la puerta,
impasible.
Y sabiendo que no me escuchabas
logré decirte:

"Adiós,
Inseguridad,
no vuelvas".

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