Mirándome
desde el otro lado de la habitación.
Como quien mira una pieza de museo.
O un edificio en demolición:
fascinado,
pero con distancia de seguridad.
Irónico.
Porque sabes
que soy una oda al peligro.
Que por mucho que me acaricies
ni pierdo valor
ni hay que arreglarme.
Que con cada paso hacia ti
dibujo seísmos.
Y una línea perfecta
directa al desastre.
Que los dos a centímetros
significa tsunami.
O quizás,
tan sólo hoy,
decidamos ser arte.
Y,
aún así,
me miras
como un niño inocente
esperando
que tu estúpida
distancia de seguridad
te salve
de este cuadro
a medio derruir,
de este edificio
a medio pintar
que alguna vez
decidiste poner en tu vida.
Y vete tú a saber por qué
decidió quedarse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario