Quiero gente con fisuras,
para colarme y calarles.
Para rozarlas con las mías,
hasta que encajen.
Y he conocido a alguien.
No me lo ha dicho
pero sé que tiene.
Sé que las tiene porque escribe.
Sé que deja salir por ellas literatura
y que,
a veces,
también la deja entrar.
Y a las puertas de sus rotos
se besan prosas y versos.
Debe ser precioso.
Sé que puede calarme.
Porque tiene pinta
de tormenta de verano
impredecible e irresistible
correr bajo ella
aliviarse los calores
ante la incertidumbre de su marcha.
Con suerte,
quizás,
me deje llover con él algún día.
Sé que me dejará colarme
porque me ha preguntado
cuánto
pesa un silencio.
Y espero que haya alguno
flotando entre nosotros
para poder espantarlo
en el momento
más ligero de su ingravidez.
Todo
para recitarle
o decirle
que
"Me gusta la gente con grietas
porque saben romperse
y salir de una pieza".
Y cerrar los ojos
para desear que las nuestras encajen
porque una libertad así
no se comparte con cualquiera.