domingo, 30 de agosto de 2015

Fisuras, rotos y grietas

Como requisito principal:
Quiero gente con fisuras,

para colarme y calarles.

Para rozarlas con las mías,
hasta que encajen.

Y he conocido a alguien.

No me lo ha dicho
pero sé que tiene.

Sé que las tiene porque escribe.
Sé que deja salir por ellas literatura 
y que,
a veces,
también la deja entrar.
Y a las puertas de sus rotos 
se besan prosas y versos.
Debe ser precioso.

Sé que puede calarme.
Porque tiene pinta
de tormenta de verano
impredecible e irresistible
correr bajo ella 
aliviarse los calores
ante la incertidumbre de su marcha.
Con suerte,
quizás, 
me deje llover con él algún día.

Sé que me dejará colarme 
porque me ha preguntado
cuánto
pesa un silencio.

Y espero que haya alguno
flotando entre nosotros 
para poder espantarlo
en el momento 
más ligero de su ingravidez.
Todo 
para recitarle
o decirle 
que

"Me gusta la gente con grietas
porque saben romperse
y salir de una pieza".

Y cerrar los ojos 
para desear que las nuestras encajen
porque una libertad así
no se comparte con cualquiera.

domingo, 23 de agosto de 2015

(Mal)trato emocional

Hace tiempo acabé
con una relación tóxica.

Rompí las cadenas
que me ataban
a la decepción constante.

A ti.

Me subí a los tacones
que me prohibías ponerme.
Me puse la falda 
"demasiado provocativa".
Y me pinté los labios del rojo
que sabía que odiabas.
Canté hasta dejarme la garganta
y le hice un guiño a todos los bares.
Hice todo lo que no podía, 
lo que no debía,
lo que sí quería.

Entonces fui a buscarte.
No para convertirte
en un capítulo cerrado
sino para desdibujarte,
como un borrón al margen.
Te eché de mi vida.
A patadas.
Sin anestesia 
te arranqué como una espina
y entre sangre y escombros 
te dejé en la puerta.
Junto con maletas llenas
de nosotros 
en pretérito imperfecto.
Hacías mucho ruido
reabriendo heridas
y echando sal en la tuya,
pero tantas veces lo habías hecho 
ya 
que ni dolía.

Después del portazo
dejé de oirte.
Me quedé mirando la puerta,
impasible.
Y sabiendo que no me escuchabas
logré decirte:

"Adiós,
Inseguridad,
no vuelvas".

jueves, 20 de agosto de 2015

Además, todas mis salidas de emergencia acaban en precipicio.

-¿Te quedas?

-Sólo si dejas las llaves a mano.
Por si al despertarme a medianoche
decido que me ahoga un nosotros
y no encuentro la salida de emergencias.

-En ese caso dejaré las llaves en la mesilla 
y las deportivas bajo la cama.
Porque si quieres escapar estás en tu derecho
pero yo soy de perseguir mis metas.
Y si te cansas y paras
o sientes más vacío que entre las sábanas
te daré un abrazo sabor a casa 
y te llevaré en brazos a ella.

En ese momento
supe que no quería las llaves
y que él podía guardar sus deportivas.
Que no sabía si ya estaba en casa
pero quería quedarme un rato más,
a comprobarlo.
El suficiente para confirmar la tragedia
del fin de mi huida constante 
o el inicio de otra carrera 
en la que pierde 
el que se corre antes.

Pero,
sobre todo,
supe
que no iba a despertar a medianoche
porque,
en ningún momento,
iba a querer dormir.

martes, 18 de agosto de 2015

Quizás porque hueles a poesía y a ruinas

Quiero que sigas en mi casa.
Mirándome 
desde el otro lado de la habitación.
Como quien mira una pieza de museo.
O un edificio en demolición:
fascinado, 
pero con distancia de seguridad.

Irónico.
Porque sabes
que soy una oda al peligro.
Que por mucho que me acaricies
ni pierdo valor 
ni hay que arreglarme.
Que con cada paso hacia ti 
dibujo seísmos.
Y una línea perfecta 
directa al desastre.
Que los dos a centímetros 
significa tsunami.
O quizás,
tan sólo hoy,
decidamos ser arte.

Y,
aún así,
me miras 
como un niño inocente 
esperando
que tu estúpida 
distancia de seguridad
te salve 
de este cuadro 
a medio derruir, 
de este edificio 
a medio pintar

que alguna vez 
decidiste poner en tu vida.

Y vete tú a saber por qué
decidió quedarse.

jueves, 13 de agosto de 2015

Musa a tiempo parcial

Me he cansado de ser
la que sostiene el lápiz
(por mucho que disfrute
de su caricia al papel).
La que expone sus cuadros
en galerías vacías.

De estar siempre
detrás del objetivo.
Siempre al otro lado
de mi inspiración.

Hoy quiero ser la chica
que pisa fuerte y mira firme.
Que tengas miedo de perderte
en mi falda impredecible.

Hoy quiero que me pintes
la felicidad en la cama.
Que me escribas
el amor en saliva.

Que en nuestro enredo
de piernas y sábanas
te atrevas a susurrarme
que pudiendo ser musa
de centenares de poeta,
elegí serlo
de la cabeza más loca.

"Que hoy te verso
y mañana ni recuerdo
el sonido de tu voz."

Pero te acuerdas,
joder,
qué si te acuerdas.

lunes, 3 de agosto de 2015

Reencarnación atea

"La poesía ha muerto, 
y nosotros la hemos matado" 

musito antes de cerrar el libro.

Siglo XXI.
Miles de jóvenes
(y no tan jóvenes)
hartos
de la incultura
que rodea a su generación.
Por casualidad,
se encuentran
en los renglones
de un libro de poesía.
Les enamora.
Les embelesa.
Quieren tener un romance con cada página
y poner todos los versos en otros labios,
susurrándolos sobre ellos.
Quieren más.
Ansían más.
Salen a la calle.
Van a recitales,
bares,
musicales,
conciertos,
museos,
exposiciones.
Y eso les llena
más
que tirar horas
de su vida
viendo "Sálvame".

Es un fenómeno imparable.

Tentador.
Tentador la explosión del arte.
Tentador explotar el arte
Tentador convertir el arte en un negocio.
Tentador.

Todos los amantes del arte saben
que no es un perro al que ponerle una correa.
Es una gata.
Arisca y cariñosa a partes iguales.
Cuando le apetezca irá a pedirte amor
y te llenará,
pero cuando se canse,
se irá dejándote un vacío
que irrevocablemente
querrás llenar con más de ella.

La poesía lleva moribunda
desde que intentaron ponerle collar
y sacarla de paseo.
Agoniza con cada vendedor de libros
que jura ser poeta,
con los "ripiosos",
con los que se preocupan más
de qué dice la poesía
de cómo lo dice.
Con cada "cansautor".
Con cada comprador sin criterio
que compra cualquier libro
que jure
estar escrito en verso.

Entras a la habitación,
me sacas de mis pensamientos.
Cada paso que das,
una prenda menos.

Te miro.
Te veo.

Y juro que yo,
que nunca he sido de religiones,
sé,
exactamente,
en qué se ha reencarnado la poesía.