viernes, 31 de julio de 2015

365 heridas

Día 365 sin ti.
No dueles como el primer día,
pero sí como el segundo.

Mejor dicho: me duelo.

Me miro al espejo
y no me veo.
Sólo veo sombras de lo que fui.
Cenizas de ayer.
Espejismo de nosotros.
El fantasma de lo que dejaste.

Llevo un año negándolo.
Convenciéndome de que es mejor así.
Cuando sé de sobra que miento.
Quizás con otros pueda jugar al despiste,
pero yo me conozco todos mis trucos.
(Y no hay nada peor que engañarse a uno mismo.)

Intento no pensarte.
Evitar tu recuerdo
tirando al blanco de otros ojos.
Pero cuando bajo la guardia,
el campo de tiro se muda a mi pecho
y tú, que inundas cada rincón,
te disfrazas de diana.



miércoles, 29 de julio de 2015

Funambulismo emocional

Prometo que quererte
era una constante cuerda floja.

Eran los sentimientos
poniéndome a metros del suelo.

Era tener red
si sentía tu calor.

Era una muerte segura
si tu boca pronunciaba "nunca más".

Era la brisa en la cara
volando sin prisa entre sábanas.

Era el no mirar hacia abajo
prefiriendo mirarte a los ojos.

Era llamar vértigo
a lo que otros llaman amor.

lunes, 27 de julio de 2015

L

No decían su nombre completo
por miedo de que, al nombrarla,
estallasen todas las revoluciones.
Era muy puta
y la llamaban L.

Era el tipo de mujer
que provocaba accidentes
cuando cruzaba en minifalda
la Gran Vía.
Que gritaba. 
Que se manifestaba.
Que hacía que viniesen 
los antidisturbios
y le ponía que le metiesen mano
enfrente suya.
El tipo de mujer
que intentaba que adivinasen
el color de su lencería
sabiendo de sobra
que no llevaba ninguna.
El tipo de mujer
que no temía a las mordazas.
El tipo de mujer
que tenía en su mirada
la chispa necesaria
para incendiar el Congreso.
Ella,
era ese tipo de mujer 
a la que ningún político
mandaba callar,
más bien al revés.
Era ese tipo de mujer
que subirías a tu casa
para un rato,
o para toda la vida.
Aunque tuvieras la certeza
de que no se quedaría a desayunar.

Y,
a mí,
esa tarde
me miró diciendo:
"Hoy lo vamos a pasar bien"
mientras empezó a desnudarme
obligándome a dejar los miedos
junto a su ropa interior:
en ningún sitio.
Sonrió
recordándome
que su compañía 
tenía un precio.
Porque,
como ya he dicho,
era muy puta
y la tarifa, 
muy alta:
la soledad.

Pero,
joder,
que bonito era todo
contigo abierta de piernas,
Libertad.

sábado, 25 de julio de 2015

Daños colaterales


Eres mi tempestad particular. 
Siempre dejando un poco de calma
antes de la tormenta.
Siempre dándome un respiro, 
antes del siguiente golpe.
Siempre haciéndome creer que te he olvidado, 
para volver recordándome que sigues doliendo.

El problema es que no vuelves.
Que aquí soy yo la única que llueve 
(más por dentro que por fuera).
La única que se ahoga, 
que se quema.
Mi única catástrofe natural.

Y creo que voy a abandonarme, 
antes de que haya más heridos.